Yo creo que maduramos cuando somos capaces de centrarnos en nuestra particular forma de mover la energía, los sentimientos, la sabiduría y la consciencia. Claro que, para ello, hay que hacer todo un imprescindible proceso de autoconocimiento. De no ser así sólo envejecemos.

Sí o sí, todos envejecemos, y no todos maduramos. Por eso, hay personas que han envejecidos físicamente pero a nivel afectivo y de consciencia quedaron anclados tiempo atrás.

Cualquier fruto esconde en su interior una semilla que da sentido a su existencia. Para que esa semilla pueda expandirse el fruto ha de madurar. Si el fruto no madura la semilla quedará atrapada y jamás podrá germinar. Exactamente igual que una fruta las personas estamos llamadas a madurar. Madurar para poder expresar la semilla que llevamos dentro que no es más que nuestra singular esencia.

¿Estás sólo envejeciendo o también estás madurando? ¿Qué implica madurar?

Desde mi punto de vista todo ser humano nace con un gran potencial, expandirlo es el propósito esencial de la vida. Madurar es expandir ese potencial que somos, soltando patrones aprendidos, lealtades hacia otros y modelos externos para ir centrándonos en nuestra particular forma de ser y estar en la vida.

Si nos fijamos en la orientación que recibimos a la hora de afrontar un trabajo es la de asumir una identidad profesional estandarizada. Por ejemplo: yo soy administrativo, yo soy veterinario, yo soy maestra, yo soy enfermera, yo soy mecánico, yo soy astronauta, yo soy obrero…

No decimos yo hago labores educativas, yo ayudo a los animales o yo arreglo coches. Decimos «yo soy…» De esta manera asumimos una identidad profesional a la que nos agarramos para definirnos. Estudia matemáticas para ser un matemático, estudia física para ser un físico y si no estudias no eres nadie.

Esto podría parecer una tontería o un juego de palabras. En mi opinión, este hecho manifiesta el olvido de que cada uno de nosotros es un ser singular con talentos propios. Evidencia la falta de validación de nuestros propios talentos y de ahí surge la necesidad de asumir una identidad profesional externa.

¿Y si miráramos el asunto de otra manera?

¿Si en lugar de identificarnos con lo que hacemos o hemos estudiado, nos identificáramos con nuestros talentos genuinos? Si fuera así, entonces hablaríamos de la siguiente forma:

  • Yo soy una persona que allá donde miro veo números y patrones geométricos. Me dedico a enseñar matemáticas
  • yo soy tremendamente empática y tengo el don de la paciencia. Me dedico a cuidar a enfermos de la tercera edad.
  • Yo soy una persona con gran capacidad analítica. Me dedico a realizar auditorias en empresas.
  • Tengo la capacidad natural de expresarme con el cuerpo. Me dedico a la danza
  • Soy imaginativa y visionaria. Me dedico a escribir historias de ciencia ficción.
  • Tengo una voz bellísima. Me dedico al canto
  • Soy una persona con una gran capacidad natural para el orden. Me dedico a la gestión
  • Tengo el don de la palabra. Me dedico a vender
  • Tengo una gran capacidad para ver lo que falta. Me dedico a evaluar sistemas
  • Tengo una gran facilidad para mover la energía con las manos. Me dedico a la sanción energética.

La primera frase de estos ejemplos habla del talento de la persona y la segunda de lo que hace con ese talento.

Los talentos son capacidades innatas que han de ponerse en actividad para que maduren. Son capacidades que nos resultan relativamente fáciles de realizar y siempre han estado y estarán con nosotros, pues forman parte de nuestra naturaleza esencial. Los talentos hay que reconocerlos y ponerlos en acción. Cuando lo hacemos surge de nosotros alegría.

Si alguien cree que no tiene talentos, se equivoca. Puedes cambiar el «no tengo talentos» por «aún no soy consciente de mis talentos». De hecho, es más que probable que tu talento principal ya lo estés expresando en aquello que haces, sea lo que sea. Sólo te queda que tú lo validez.

Hacer madurar nuestros talentos requiere tomar consciencia de ellos, trabajo, perseverancia, disciplina y usarlos en aquello que más nos gusta en la vida. Es así como eso que somos, va tomando forma, madurando y singularizándose. Es así, en el caminar de la vida, que vamos convirtiendo en real aquello que en su inicio era un potencial.

¿Te interesa tu felicidad y tu bienestar? si es así, te dejo con esta pregunta: ¿Cuánto de tu potencial lo estás convirtiendo en una realidad?

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